La Subida.

Acaba el solemne novenario que tiene su origen en 1793 y, en el domingo siguiente a su octava, el pueblo se despide de su Patrona. Por la mañana, misa y su emotiva y secular minerva, durante la que el párroco bendice con el Santísimo Sacramento a todos los fieles, en medio de las imponentes "arcas cerradas" de la soldadesca.
 
Y a la tarde, la Subida, el nostálgico adiós por el zigzagueante camino del Castillo hasta llegar a su explanada, en donde el gentío da tres vueltas a la imagen en torno a un añoso pino. Es la despedida a la que, desde su ermita, será "Faro y guía", como se canta en el himno a la Virgen del Castillo. Todo acaba con la entrega de Insignias:
Los clavarios pasan a ser, desde este momento, mayordomos; el del bastón o capitán, que elige a un niño como paje, y el de la bandera o alférez, cuyo paje será una niña.
 
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